Realeza del Ayer y Hoy

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 Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.

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Tatiana



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MensajeTema: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Oct 30, 2009 3:44 am

Un tema para esta gran mujer.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:24 pm

es una mujer que se negaba a comportarse como correspondía a su rango. Con una considerable conciencia de sí misma buscó y alcanzó aquella meta que no había de ser formulada como «autorrealización» por el movimiento feminista hasta el siglo xx.
Elisabeth no interpretó ninguno de los papeles que por tradición y condición le correspondían: no fue la esposa amante y devota, ni una auténtica madre de familia, ni la primera figura representativa de un gigantesco imperio. Reclamó sus derechos como persona, y los impuso. Que esta «autorrealización» no condujese a su felicidad constituye la tragedia de su vida..., aparte las desgracias que su rebeldía desató en su seno familiar. Elisabeth, emperatriz de Austria y reina de Hungría y Bohemia (para mencionar aquí sólo sus títulos más destacados), era republicana en el fondo de su corazón, veía en la respetable monarquía «el esqueleto de pasadas grandezas» y una encina que había que cortar, por «haberse sobrevivido a sí misma». Fustigaba las aberraciones del sistema aristocrático y se burlaba de reyes y príncipes, como lo aprendiera de su admirado «maestro» Enrique Heine.
Elisabeth desconocía la «conciencia de clases» hasta tal extremo, que la persona de la emperatriz y reina acabó siendo un cuerpo extraño en la corte vienesa y, además, una provocación para los cortesanos que desde siempre se atenían a determinadas reglas. Pero eso era precisamente lo que Elisabeth buscaba.
Por un lado, la emperatriz de Austria constituye una singularidad (incluso un caso único) por su simpatía hacia las ideas democráticas, y, por otro, hallamos precisamente en ella un ejemplo del poder de las ideas antimonárquicas de finales del siglo xix. Esas ideas ni siquiera se detenían ante los soberanos, que ahora empezaban a dudar de la legitimidad de su (heredada y no adquirida) posición elitista. El comentario escrito el 18 de febrero de 1884 en su diario por el conde Alejandro de Hübner tiene su justificación: «La verdad es que ya nadie cree en los reyes, y yo no sé si ellos creen en sí mismos». Y la amiga poetisa de Elisabeth, «Carmen Sylva» (reina Elisabeth de Rumania), se expresa de manera todavía más cruda: «La forma de gobierno republicana es la única racional. No comprendo cómo aún nos aguantan los insensatos pueblos».
Semejante punto de vista condujo a considerables conflictos sociales, porque la conciencia de su «individualidad» predisponía a muchos de los aristócratas infectados por las ideas modernas a perfilarse como uno entre tantos (sobre todo, dadas las virtudes burguesas del «rendimiento» y la «cultura»). Pero con harta frecuencia tenían que reconocer que no podían mantener esa competencia (al menos, no en la medida que hubiese correspondido a su origen elitista), que su valor como individuos no concordaba con la destacada posición en la sociedad y que, finalmente, de ellos no quedaría más que un título que no se habían ganado y una función cuyo valor no reconocían. Esta fue la tragedia de la emperatriz de Austria Elisabeth, y asimismo la de su hijo Rodolfo.
La vida de la emperatriz está llena de penosos y tenaces esfuerzos por perfilarse como persona. El primer —y más afortunado— intento fue el de ser bella. La legendaria hermosura de la emperatriz Elisabeth de Austria no era sólo un don de la naturaleza, sino también el resultado de una férrea y constante autodisciplina, que llegaba hasta el martirio físico. De forma parecida surgió su fama de gran deportista —de primerísima cazadora a caballo de Europa durante los años setenta de su siglo—, fama que forzosamente tuvo que palidecer con el paso del tiempo, pese a toda la disciplina, como sucedió con la fama de su belleza. El renombre más duradero lo esperaba Elisabeth de la posteridad, que probablemente la consideraría una inspirada poetisa. Los testimonios de sus esfuerzos en este sentido —unas poesías hasta ahora desconocidas, que cubren más de quinientas páginas y proceden de los años ochenta— constituyen la base de este libro. Contienen declaraciones sumamente íntimas y personales de Elisabeth sobre sí misma, sobre el mundo que la rodeaba y el tiempo en que vivió, pero asimismo revelan con toda claridad su fracaso, porque tales poesías no justifican en absoluto la fama póstuma de Elisabeth como gran poetisa. Su obra no nos interesa por el valor artístico que pueda contener (no podemos pasar por alto ni encubrir el «diletantismo» en la imitación de Heine). Si nos ocupamos de las poesías de Elisabeth es debido a que proceden de la pluma de una emperatriz y reina, y constituyen buenas fuentes históricas de la monarquía de los Habsburgo y también sirven para acercarnos al modo de pensar de una aristócrata «racionalista», de una culta mujer del siglo xix. Asimismo, las poesías de Elisabeth nos sirven como ilustración del «siglo nervioso», de una vida sentimental que con frecuencia sobrepasaba los límites de la realidad.
Agradezco profundamente al gobierno federal de Suiza y a la dirección del Archivo Federal de Berna la autorización para estudiar por vez primera estas fuentes informativas que hasta ahora habían permanecido en el más absoluto secreto. Para que yo consiguiera tal permiso intervino con especial interés nuestro paternal amigo el profesor doctor Juan Rodolfo de Salis. El hecho de que la emperatriz depositara en manos de una república (de una república, naturalmente, que consideraba el modelo ideal) lo que más precioso consideraba, demuestra perfectamente su postura frente a la monarquía austro-húngara, pero también frente a la familia de los Habsburgo.
Aparte el legado literario de la emperatriz, tuve a mi disposición alguna otra fuente nueva. Por ejemplo, los legados:
del archiduque Alberto (Archivo Nacional de Hungría, Budapest);
del barón Adolfo de Braun, consejero de Estado (Casa-Corte y Archivo Nacional de Viena);
del general conde Carlos de Grünne, ayudante del emperador (propiedad privada);
del diario de la archiduquesa Sofía (con la amable autorización del doctor Otón de Habsburgo);
y del príncipe Carlos de Khevenhüller (con amable autorización del príncipe Max de Khevenhüller-Metsch), que hacen referencia a Elisabeth.
Muchas otras novedades se las debo al legado del archivero e historiador de Munich Ricardo Sexau, que efectuó detalladas y fieles copias de documentos que son de propiedad particular y a cuyos originales no tuve acceso: sobre todo, del diario de la hija menor de la emperatriz, la archiduquesa María Valeria, del diario de Amelia de Urach, sobrina de la emperatriz, y de la amplia correspondencia sostenida entre la madre, la suegra y las tías de Elisabeth.
En el legado del historiador Enrique Friedjung (Biblioteca Nacional de Viena, colección de manuscritos) descubrí importantes notas sobre conversaciones con la condesa de Festetics, dama de honor de la emperatriz.
También en el legado de Egon Caesar Conté Corti (Archivo Nacional y de la Casa-Corte de Viena) hallé algunas copias interesantes, aunque muy dispersas (por ejemplo, de cartas de Elisabeth a su esposo, a su hija María Valeria y a su madre, la duquesa Ludovica). En todos aquellos casos en los que conseguí acceso a las fuentes ya mencionadas por Corti utilicé el original, a pesar de no compartir siempre el concepto de Corti con respecto a la importancia de determinadas citas (lo que no significa que pretenda reducir sus méritos en la busca y estudio de nuevas fuentes). Precisamente a este reciente repaso de las siguientes fuentes originales debo numerosos e interesantes resultados:
diario de la condesa María de Festetics, dama de la corte (Biblioteca Széchényi, Budapest);
y del conde Alejandro de Hübner, diplomático austríaco (Instituto Histórico de la Universidad de Padua);
legado del conde Francisco Folliot de Crenneville, ayudante general del emperador (Archivo Nacional y de la Casa-Corte, Viena);
y de la landgravesa Teresa de Fürstenberg, dama de honor de Elisabeth (archivo privado de la familia Fürstenberg en Weitra, Waldviertel, con amable autorización del príncipe y landgrave Johannes von und zu Fürstenberg).
Como es lógico, me serví de la correspondencia diplomática —siempre que se refiriese a la emperatriz— conservada en el Archivo Nacional y de la Casa-Corte de Viena, en el Archivo Federal Suizo de Berna y en el Archivo Federal de Bonn.
Asimismo resultaron productivos los periódicos contemporáneos conservados en la colección de impresos de la Biblioteca Nacional de Austria.
Los tiempos de los informes de la corte han quedado tan lejos como los de la difamación de la vieja monarquía. Yo me siento obligada a la busca de la verdad de una manera científica, y, aparte esto, considero que la figura de la emperatriz Elisabeth —con toda su problemática y sus particularidades sorprendentemente «modernas» y nunca vulgares— es típica de la época final de la monarquía austro-húngara. El sensato y fiel «funcionario» que fue el emperador Francisco José y la nada ortodoxa y muy inteligente emperatriz Elisabeth, tan dada a perderse en un mundo de fantasías, son dos personas como el más y el menos, como el día y la noche, totalmente opuestas y que, sin embargo, se complementan... para constituir el uno la desgracia del otro. Una tragedia privada en el vértice de un decadente imperio delfín de siécle.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:25 pm

El día 18 de agosto de 1853, domingo y cumpleaños del emperador, entraba en la historia de Austria una muchacha de quince años, nacida en el bávaro palacio de Possenhofen: el emperador Francisco José I pidió la mano de su prima la duquesa Elisabeth de Baviera, y, como era de esperar, le fue concedida.

Hasta entonces, la novia no había llamado especialmente la atención de nadie. Era una niña poco desarrollada y tímida, de largas trenzas trigueñas, muy delgada y con ojos color canela, de expresión algo melancólica. Entre sus siete hermanos, todos muy temperamentales, había crecido como un alma candida, alejada de toda obligación cortesana. Montaba bien a caballo, era buena nadadora, le gustaba pescar con anzuelo y practicar el montañismo. Amaba profundamente su tierra, sobre todo los alpes bávaros y el lago de Starnberg, en cuya orilla se alzaba el palacete de verano de la familia, Possenhofen. Elisabeth hablaba el dialecto de la región y tenía buenos amigos entre los hijos de los campesinos de la vecindad. Al igual que su padre y sus hermanos, no daba la menor importancia al ceremonial y al protocolo, cosa que tampoco preocupaba a la corte real de Munich. Porque la rama ducal de los Wittelsbach no tenía que ejercer allí ninguna función oficial, de modo que podía permitirse una cómoda vida privada.
Hacía ya tiempo que la madre, duquesa Ludovica, buscaba un partido adecuado para su segunda hija, Elisabeth. Con toda prudencia pero asimismo con poca esperanza, habíase dirigido a Sajonia: «... Tener a Sisi en vuestras manos sería para mí una gran felicidad... Pero comprendo que no es probable, porque el único en quien cabría pensar [se refiere sin duda al príncipe Jorge, hijo segundo del rey Juan de Sajonia], difícilmente pensará en ella. En primer lugar, no sabemos si le agradaría y, además, él buscará una joven con fortuna... Bonita sí que es gracias a su naturalidad, pero no hay en ella belleza de rasgos». Sin novio regresó Sisi de Dresde en la primavera de 1853.
Le hacía sombra su hermana mayor, Elena, mucho más hermosa, más culta, seria y admirada, y para ésta se había previsto el enlace con el emperador de Austria. Comparada,con Elena, Sisi era el patito feo de la familia. Que precisamente fuera la pequeña Elisabeth la elegida para el matrimonio más brillante del siglo xix la sorprendió a ella más que a nadie.
El novio, el emperador Francisco José, tenía entonces veintitrés años. Era un joven extraordinariamente apuesto, de cabellos rubios, rostro delicado y figura fina y delgada, a la que favorecía notablemente el ceñido uniforme de general que siempre llevaba. No era de extrañar que todas las condesas de Viena soñaran con él, dado que, además, en las fiestas de la alta aristocracia demostraba ser airoso y muy aficionado al baile.
Ese atractivo joven de modales tan exquisitos era uno de los hombres más poderosos de su época. Su «gran» título rezaba así: Francisco José, emperador de Austria por la gracia de Dios; rey de Hungría y Bohemia, rey de Lombardía y Venecia, de Dalmacia, Croacia, Eslovenia, Galitzia, Lodomeria e Iliria; rey de Jerusalén, etcétera; archiduque de Austria; gran duque de Toscana y Cracovia; duque de Lorena, Salzburgo, Estiria, Carintia, Carniola y Bucovina; gran duque deTransilvania; margrave de Moravia; duque de la Alta y Baja Silesia, de Módena, Parma, Piacenza y Guastalla, de Auschwitz y Zator, de Teschen, Friul, Ragusa y Zara; conde-duque de Habsburgo y Tirol, de Kyburgo, Gorizia y Gradiska; príncipe de Trento y Brixen; margrave de la Alta y la Baja Lusacia, así como de Istria; conde de Hohenembs, Feldkirch, Bregenz, Sonnenberg, etcétera; señor de Trieste, de Cattaro y de la Marca de Windisch; gran voivoda de la voivodía de Serbia, etcétera.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:26 pm

En 1848, año de la Revolución, había subido al trono tras la abdicación de su tío, el emperador Fernando I, que padecía una enfermedad mental, y porque su padre, el archiduque Francisco Carlos, hombre de poca energía, había renunciado a sus derechos de sucesión. El nuevo soberano tenía diecisiete años y, dada la lastimosa imagen de su predecesor, se ganó muy pronto todas las simpatías.
Francisco José era un monarca absoluto: jefe supremo de las fuerzas armadas, gobernaba sin Parlamento y sin Constitución, e incluso sin presidente del Consejo de Ministros. En realidad, sus ministros no pasaban de ser unos consejeros de su señor, único responsable de la política del Imperio. Sin temor a errar, podemos definir al joven soberano como jefe de una monarquía militar, aunque —desde luego— «por la gracia de Dios».
El joven emperador mantenía unidos sus países mediante un fuerte poder militar y policial, sometiendo con firmeza cualquier brote democrático o nacional. El viejo chiste de la época de Metternich puede aplicarse también a los primeros tiempos de Francisco José: el dominio se basaba en un ejército de soldados de a pie, un ejército de funcionarios sentados, un ejército de curas arrodillados y un rastrero ejército de denunciantes.
En 1853, Austria era el mayor Estado europeo después de Rusia. Tenía unos cuarenta millones de habitantes, sin contar los seiscientos mil soldados. El plurinacional Estado se componía de ocho millones y medio de alemanes, dieciséis millones de eslavos, seis millones de italianos, cinco millones de magiares, dos millones setecientos mil rumanos, alrededor de un millón de judíos y cerca de cien mil gitanos. El punto más septentrional del Imperio era Hilgersdorf, en el norte de Bohemia (hoy República Checa); el más meridional, el monte Ostrawizza (entonces situado en Dalmacia, la actual Croacia); el más occidental era Rocca d'Angera, a orillas del lago Mayor (en Lombardía, hoy Italia), y el extremo oriental se hallaba en Chilischeny, lugar de la Bucovina (actualmente, Unión Soviética).
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:27 pm

La mayoría de los habitantes del Imperio (veintinueve millones) vivían de la agricultura, primera fuente de recursos del país. Austria era el país que más lino y cáñamo producía en todo el mundo, y su viticultura era la segunda después de Francia. La agronomía y la industria agropecuaria se atenían aún a los sistemas de varios siglos antes, y el desarrollo técnico estaba muy atrasado en comparación con los países de Occidente.
Gracias a sus hábiles generales, Austria superó la revolución de 1848 sin pérdidas territoriales. La Asamblea Constituyente de Kremsier, una élite intelectual de la «generación del 48», fue disuelta por la fuerza de las armas. Muchos delegados lograron huir al extranjero, mientras que otros tantos fueron encarcelados. El joven emperador rompió su propia y solemne promesa de dar al país, por fin, una Constitución.
Pero pese al persistente estado de sitio y al poderoso aparato militar, en 1853 todavía surgían relámpagos en el horizonte político, principalmente en Hungría y en el norte de Italia. A principios de febrero, el cabecilla italiano José Mazzini intentó provocar en Milán un levantamiento popular. Durante el carnaval milanés, un grupo de nacionalistas italianos atacó con puñales a los soldados austríacos. Diez resultaron muertos, y heridos otros cincuenta y nueve. Algunos fueron clavados vivos a las puertas de sus casas mediante largos hierros, como advertencia al gobierno central de Austria. La revuelta pudo ser ahogada en pocas horas. Dieciséis italianos fueron ejecutados y cuarenta y ocho se vieron aherrojados en oscuras mazmorras.
También la tranquilidad que reinaba en Viena era sólo aparente: durante los desórdenes de Milán tuvo efecto en la capital austríaca un peligroso atentado contra el joven emperador. Juan Libenyi, oficial de sastrería húngaro, le hirió gravemente en el cuello con una especie de puñal cuando Francisco José paseaba por el baluarte. Pero ni siquiera entonces perdió el emperador su increíble serenidad y valentía. Las primeras palabras que dijo a su madre fueron éstas: «Ahora comparto también una herida con mis soldados, y eso me satisface».
Libenyi se consideraba un reo político por convicción, y al ser apresado gritó:
—Eljen Kossuth!
O sea que lanzó un viva al enemigo mortal de los Habsburgo, el revolucionario húngaro que en 1849 había proclamado la república en su país y, desde el exilio, luchaba por desprender a Hungría de Austria. Libenyi fue ejecutado, pero su acción tuvo que constituir para el emperador una advertencia de que no tenía el trono tan seguro como parecía.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:27 pm

Por mucho que su sentido de la majestad le elevara por encima de todas las demás personas, Francisco José mantenía una relación sumamente cordial con la única que para él representaba una autoridad: su madre, la archiduquesa Sofía.
Esta princesa bávara había llegado a la corte vienesa en 1824, a los diecinueve años, cuando gobernaba Metternich. El emperador Francisco era viejo, y su hijo mayor y sucesor, Fernando, estaba enfermo y era un deficiente mental. La joven y ambiciosa princesa, interesada por la política, encontró en la corte austríaca un hueco que no tardó en llenar por completo con su fuerte personalidad. Convirtióse en un factor con el que pronto tuvo que contar el propio Metternich. Sofía adquirió la fama de ser «el único hombre» de una corte donde abundaban los debiluchos. Fue ella la que, en 1848, intervino con energía para derribar a Metternich, reprochándole «pretender una cosa imposible: acaudillar una monarquía sin emperador y con un imbécil como representante de la Corona», con lo que se refería a su cuñado epiléptico y retrasado mental, el emperador Fernando «el Bondadoso». Asimismo, Sofía disuadió a su marido de aceptar la sucesión al trono, o sea que renunció a ser emperatriz y gobernar a través de un devotísimo esposo. En cambio, preparó el camino para que subiera al trono su hijo «Franciscoi», acontecimiento que tuvo lugar en Olmütz en diciembre de 1848. Su orgullo de madre era inmenso.
Francisco José demostró siempre profundo agradecimiento a su madre. Se dejaba llevar de su segura mano, aunque Sofía se afanara en asegurar que «en el advenimiento de mi hijo al trono me propuse firmemente no intervenir en ningún asunto de Estado; no creo tener derecho a ello, y lo sé todo en tan buenas manos, después de trece años de penoso abandono, que siento profunda alegría de poder presenciar ahora con gran confianza, tras el espinoso año de 1848, el nuevo camino emprendido».
Pero Sofía no cumplió sus buenos propósitos. Los despiadados castigos dados a los revolucionarios, la ilegítima abolición de la prometida (y por poco tiempo realizada) Constitución, el estrecho contacto de Austria con la Iglesia, que culminó en el concordato de 1855..., todo eso no fue considerado por el pueblo como obra del inseguro y joven emperador, sino de la archiduquesa Sofía, que en los años cincuenta fue la secreta emperatriz de Austria.
No es de extrañar que Sofía pensara también en la futura esposa que convenía a su hijo y que, al hacerlo, no tuviese sólo en cuenta el corazón del monarca, sino, sobre todo, el aspecto político de tal enlace. Después de la revolución de 1848, Austria hizo una política claramente alemana: intentaba ser la potencia más importante de la Asamblea Nacional alemana y reafirmar —y recuperar—, además, su decreciente predominio sobre Prusia. También a esta meta —tan directamente opuesta a las ideas prusianas— quería acercarse Sofía con ayuda de su política matrimonial.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 10, 2009 8:28 pm

En la corte se hablaba mucho de un casamiento del emperador con la archiduquesa Elisabeth, procedente de la rama húngara de la Casa de Habsburgo. Pero ese plan no halló la aprobación de Sofía, contraria a todo lo relacionado con Hungría. Ella prefería una unión con Alemania. Primero pensó en la Casa de los Hohenzollern, con objeto de mejorar las problemáticas relaciones de Austria con Prusia y afirmar la preponderancia de Austria sobre Alemania. Para conseguir esto, incluso aceptaría una nuera protestante, que desde luego hubiese tenido que convertirse al catolicismo antes de la boda.
En el invierno de 1852, el joven emperador viajó a Berlín —naturalmente, pretextando motivos políticos y familiares—, y se enamoró enseguida de una sobrina del rey de Prusia, la princesa Ana, de su misma edad. Aunque la muchacha estaba ya prometida, Sofía no cedió tan fácilmente, y preguntó a su hermana, la reina Elisa de Prusia, «si no hay ninguna esperanza de impedir el triste matrimonio impuesto a la encantadora Ana y que no ha de darle la felicidad». Sofía habló claramente de lo enamorado que ya estaba su hijo, y en su carta decía «... Una felicidad que fue para él un sueño y —helas— se grabó en su joven corazón con mucha más intensidad de lo que yo creía al principio... Tú le conoces lo suficiente para saber que es exigente en sus gustos y no se contenta con cualquier joven. Él necesita poder amar a la que vaya a ser su esposa; necesita que le guste y le caiga simpática. Vuestra pequeña Ana parece reunir todas esas condiciones. Piénsalo bien y comprende lo que deseo para mi hijo, que tanto precisa la felicidad después de haber tenido que renunciar tan pronto a la despreocupación y a las ilusiones de la juventud».
Pero la reina Elisa no pudo imponer su voluntad a los políticos prusianos. Un enlace matrimonial con Austria no entraba para nada en los planes del país. El joven emperador tuvo que tragarse una derrota personal y, por si fuera poco, su visita a Berlín fue objeto de comentarios poco agradables. El príncipe Guillermo, posterior Guillermo I, dijo, por ejemplo: «Los prusianos nos felicitamos de que Austria haya demostrado su sumisión en nuestra capital, sin que nosotros hayamos tenido que ceder ni un palmo en el terreno político».
También a Dresde llegaron los tanteos de Sofía en busca de una novia conveniente y, asimismo, de un reforzamiento de la influencia austríaca sobre Alemania. La elegida era ahora la joven princesa sajona Sidonia, pero tenía aspecto enfermizo y al emperador no le agradó.
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Magine



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Miér Nov 18, 2009 3:01 am

Tatiana me he enganchado y me va a gustar la continuación apenas conozco esta mujer, así que esperaré por vos. Very Happy
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Magine



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:21 pm

Aqui unas imágenes de la emperatriz de Austria.




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Magine



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:22 pm




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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:27 pm

Magine gracias por la imágenes de la emperatriz, la verdad no me rinde el tiempo, solo seguiré un poco la biografía y si me ayudas con algunas fotos más te agradezco.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:28 pm

Con qué tenacidad se atenía Sofía a su plan de traerse una princesa alemana a la corte de Viena lo demuestra su tercer proyecto, preparado de acuerdo con su hermana Ludovica, archiduquesa de Baviera. Su hija mayor, Elena, era de edad adecuada, si bien constituía un partido de menos categoría que las dos anteriores muchachas, porque sólo procedía de una rama bávara secundaria, sin pertenecer, como ella misma, a la verdadera Casa Real de Baviera. Pero, al fin y al cabo, Baviera era, junto con Sajonia, la más fiel colaboradora de Austria en la Asamblea Nacional alemana, y una nueva unión entre Austria y Baviera podría resultar de notable utilidad política.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:28 pm

Entre ambas casas había habido ya nada menos que veintiún matrimonios, siendo el más prominente de los últimos años el del emperador Francisco con Carolina Augusta, la hermana mayor de Sofía. (Mediante su matrimonio con el segundo hijo del primer enlace del emperador, el archiduque Francisco Carlos, Sofía se convertía en nuera de su hermana Carolina Augusta.)
La duquesa Ludovica era algo así como la parienta pobre de sus poderosas hermanas. Entre las nueve hijas del rey Maximiliano I, era la única cuyo matrimonio había sido modesto. Su marido era un primo segundo, el duque Maximiliano de Baviera, que sólo en 1845 obtuvo el título de «alteza real». El matrimonio no fue feliz, aunque de él nacieron ocho hermosos hijos (que por cierto dieron mucho trabajo).
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:28 pm

Ludovica sentía por su hermana Sofía, tres años mayor que ella, un amor devoto, casi sumiso; siempre se la ponía de ejemplo a sus hijos, y seguía sus consejos casi con temor, para no perder su favor. La posibilidad de casar a su hija mayor con el soltero más codiciado de su época acabó por convertirla en la dócil servidora de su enérgica hermana.
Sofía y Ludovica tenían poco en común. La segunda admitió más tarde que, cuando tuvo efecto el compromiso matrimonial de Ischl, se hallaba «prácticamente convertida en una aldeana». Era amante del campo y de la naturaleza y no se preocupaba por vestir de manera adecuada ni de mantener trato con la sociedad que le correspondía. La corte vienesa infundía miedo a Ludovica. Tampoco tenía mucha relación con la corte muniquesa, donde reinaba su sobrino Maximiliano II, porque la línea ducal no cumplía ninguna función oficial. Así, pues, Ludovica no era una figura representativa, sino una persona puramente privada. Vivía para sus hijos, que educaba ella misma, lo que para una aristócrata era algo excepcional.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:28 pm

En contraste con el severo catolicismo —rayano ya en la mojigatería— de la hermana mayor, Sofía, Ludovica era poco religiosa. Con orgullo resaltaba la liberal educación recibida en la Casa Real bávara: «En nuestra juventud, casi nos consideraban protestantes». Como distracción, Ludovica coleccionaba relojes y se dedicaba a la geografía, aunque su marido le tomaba el pelo diciendo que sus conocimientos procedían mayormente de los calendarios de las misiones. De política no tenía ni idea.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:29 pm

El padre de la futura novia, duque Maximiliano de Baviera, no era del gusto de Sofía. No podía negarse que era el Wittelsbach más popular de la época, pero esto no constituía precisamente una virtud a los ojos de la madre de Francisco José, de ideas tan severamente dinásticas. Max —como le llamaban— había viajado mucho y era, además, hombre muy leído. (Su biblioteca comprendía unos veintisiete mil volúmenes, sobre todo de tema histórico.) Su formación había sido totalmente antiaristocrática. Durante siete años fue alumno de un instituto muniqués, rodeado de muchachas de su misma edad, y no estudió exclusivamente con un preceptor, como era costumbre entre los aristócratas. Luego asistió a clases en la Universidad de Munich, mayormente de Historia y Ciencias Naturales.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:29 pm

Max fue siempre fiel a sus predilecciones de juventud. No le interesaba en absoluto la etiqueta y prefería su círculo de sabios y artistas burgueses, llamado la «peña de Arturo». En su casa se bebía y se cultivaba la poesía, se cantaba y se componía, pero también había discusiones de alto nivel.

El nuevo palacio de Max en la Ludwigstrasse, donde precisamente vino al mundo la pequeña Elisabeth, poseía, como atracción, un café chantant al estilo de París y un salón de baile con un enorme «friso de Baco» de cuarenta y cuatro metros de largo y muy libre, obra de Schwanthaler. En el patio del palacio había un circo con palcos y butacas de platea, desde donde la sociedad muniquesa admiraba la habilidad ecuestre del duque, que éste gustaba de demostrar con orgullo en medio de pantomimas, tumultuosas intervenciones de payasos y alborotos soldadescos.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Mar Nov 24, 2009 9:29 pm

Otra de sus aficiones era la cítara, que incluso llevaba consigo en sus viajes, y ni en la pirámide de Cheops se abstuvo de interpretar sus melodías favoritas, las bávaras schnadahüpfl, para gran asombro de sus acompañantes egipcios. En 1846 publicó su Colección de cantos y melodías populares de la Alta Baviera.
El duque Max era partidario de saborear todo cuanto pudiese darle la vida, y la verdad es que el ambiente familiar no le atraía demasiado. Sólo se mostraba estricto en una cosa: al mediodía no estaba para nadie, y aún menos para su mujer y sus ocho hijos legítimos, porque a esas horas almorzaba en sus aposentos con las dos hijas ilegítimas, a las que amaba profundamente.
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pedroro



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 2:02 am

Me gusto la biografia
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:47 pm

Gracias Pedroro...

Continuando

Max demostraba abiertamente sus tendencias democráticas, aunque sólo fuese para irritar a quienes le rodeaban. «Pero si creía que alguien intentaba pisarle los callos, se ponía hecho una fiera», comentó uno de sus parientes.


El espíritu reinante en su casa se evidenció en el año revolucionario de 1848: la familia real se refugió de los desórdenes y tumultos callejeros en el palacio muniqués del duque Max, ya que, dada la popularidad de éste, parecía menos probable una intrusión. Se afirma que la pequeña Elena, que entonces contaba catorce años, quiso calmar a los insurrectos gritándoles: «¡Hermanos contra hermanos!», frase que la revelaba como digna hija de su padre y que fue muy jocosamente comentada. En el transcurso de los años siguientes, en cambio, Elena se transformó en una joven seria y religiosa. Con vistas a un posible enlace con Francisco José, había sido especialmente bien educada..., mucho más que sus siete hermanos.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:47 pm

Max también daba muestras de su liberalidad en los numerosos artículos históricos que de manera anónima publicaba en los periódicos. En su libro Camino de Oriente (Munich, 1839) demostró poseer también humor: de vez en cuando dejaba algunas líneas en blanco, declarándolas «huecos de la censura». Semejantes bromas no eran lo más adecuado para que su cuñada Sofía simpatizara con él. En la fase inicial de los planes matrimoniales, la existencia del duque Max fue poco menos que ocultada. Hubiese podido comprometer a la familia de la novia con sus grotescas ideas y su postura contraria a la corte, llegando incluso a hacer fracasar el proyecto.
La futura pareja —Francisco José y Elena— debían conocerse y prometerse durante el veraneo imperial en Ischl. Ésa era la idea de ambas madres. Porque el ambiente sin protocolos y casi familiar de Ischl facilitaría la empresa. Ludovica también se llevó de viaje a la región de Salzburgo a su segunda hija, Elisabeth, que tenía quince años y era causa de serias preocupaciones. Se había enamorado de un hombre que no convenía, el conde Ricardo S., al servicio del duque. El idilio fue terminado rápidamente por medio del envío del joven a otro lugar con cualquier pretexto. Cierto es que regresó, pero estaba enfermo y murió poco después. Sisi no hallaba consuelo en nada y su pena se convirtió en grave melancolía. Pasaba horas encerrada en su habitación, llorando y dedicada a escribir poesías. (El pequeño volumen, que contiene muchas poesías de amor procedentes del invierno de 1852-53, se conserva en poder de la familia.) Con este viaje, la duquesa Ludovica quiso arrancar de su melancolía a la desesperada quinceañera. Además, abrigaba la esperanza de acercarla al hermano menor de Francisco José, el archiduque Carlos Luis. Tal esperanza tenía su fundamento, ya que los dos jóvenes intercambiaban cartas desde hacía años. Se enviaban mutuos regalos e incluso pequeñas sortijas. Carlos Luis parecía enamorado de su prima. Y Ludovica había hecho sus cálculos.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:48 pm

[justify]Sin embargo, la situación política era extraordinariamente crítica en agosto de 1853 y poco propicia a románticos planes matrimoniales. Había estallado la guerra de Crimea y la situación internacional se presentaba complicada. Estaban en juego, en una Turquía próxima a la disolución, fuertes intereses políticos y económicos. Tropas rusas ocuparon en julio de 1853 los principados del Danubio (núcleo de la posterior Rumania). El zar Nicolás contaba con el apoyo austríaco, en agradecimiento a la ayuda prestada por Rusia en 1849, con ocasión de los levantamientos en Hungría. Como recompensa, ofreció entonces a Austria las provincias turcas de Bosnia y la Herzegovina, aparte su protección en el caso de una nueva revolución en Austria; es decir, una intervención militar en favor de la monarquía, como en Hungría en el
año 1849.[/justify]
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:48 pm

Los consejeros del joven emperador no estaban de acuerdo. El viejo Radetzky quería luchar de parte de los rusos, aunque tampoco era contrario a una severa neutralidad austríaca. El ministro de Asuntos Exteriores, Buol, y algunos círculos economistas deseaban combatir a Rusia al lado de Inglaterra y Francia. El emperador se sentía indeciso y carecía de la madurez suficiente para enfrentarse con la situación. Expresó a su madre, Sofía, el desagrado que le causaban «esas complicaciones orientales que cada vez se enredan más», y durante el viaje a Ischl se hizo informar de la marcha de tales asuntos, pero, por lo demás, no estaba dispuesto a molestarse demasiado por la alta política. La vacilación e indecisión del inexperto monarca, distraído, además, por su próximo compromiso matrimonial, trajeron consigo nefastas consecuencias para Austria.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:49 pm

La duquesa Ludovica tenía otras preocupaciones cuando, el 16 de agosto de 1853, llegó a Ischl con sus hijas. Una migraña la había obligado a interrumpir el viaje. Se presentó con retraso en Ischl y, de momento, entorpeció bastante los planes de Sofía. Además, aunque llegaba con sus hijas, lo hizo sin equipaje y sin camareras. Las tres damas vestían de luto, ya que acababa de morirse una tía. Y como fuera que el coche donde iban las prendas de color se había demorado, nadie pudo cambiarse de ropa antes del decisivo encuentro. La archiduquesa Sofía les envió una camarera al hotel.
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Tatiana



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MensajeTema: Re: Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.   Vie Nov 27, 2009 5:49 pm

Mientras todas las atenciones eran para el peinado de la prevista novia, dado que no tenía más remedio que presentarse ante el emperador con un vestido de viaje, negro y polvoriento, la pequeña Sisi tuvo que arreglarse sola: llevaría simplemente dos largas trenzas. No se dio cuenta de que la archiduquesa Sofía no sólo observaba atentamente a Elena, sino que también la miraba a ella. Más adelante, Sofía describió a su hermana María de Sajonia esa escena del peinado, destacando «la gracia» que la pequeña tenía en todos sus movimientos, «sobre todo, sin saber en absoluto la buena impresión que estaba causando. Pese al luto..., Sisi resultaba encantadora con su sencillo vestido negro, de cuello alto».
En comparación con esa hermana tan espontánea e infantil, Elena resultaba muy severa al pronto. El vestido de luto no la favorecía, y quizá fue decisivo para toda su vida, según afirman algunos.
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Elizabeth de Austria-Hungria, Sissi.

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